conjuntivitis

A veces atrayendo una laja de arenisca; otras, una hormiga o una mosca desprevenida que secuestran e introducen ávidamente bajo la comisura del párpado. Así es como hasta ahora mis pestañas se han venido ejercitando. Por el momento no ha pasado de componer una simple molestia cotidiana. La irritación quizá puede confundirse todavía con una madrugada de insomnio. Sin embargo temo que llegará el día en que, aburridas de tan poco, se anudarán entre sí igual que en una trampa insalvable. Y entonces se dedicarán largamente, como bajo el peso de una siesta hermética, a digerir mi ojo suculento.

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