personae

Me inspira enorme curiosidad el hecho de que, de la nada, uno se largue a hablar con cualquier persona al azar amparada en el anonimato de un seudónimo. No importa el lugar ni el medio: lo mismo da una fiesta que mensajes a un celular en medio de una madrugada. No sé por qué me recuerda a los que, arrojados a la oscuridad y separados por un muro, golpean con piedrecitas para comunicarse. ¿Puede concebirse tanto aburrimiento?

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