a propósito de la lluvia

Si me quedara todavía algúna inclinación religiosa podría adherir solamente a un culto que inciara en el misterio de una fuerza no humana, despojada de rostro. Ya que lo humano o aquello que asume un molde humano a la larga se vuelve pernicioso. Contra ello prefiero la fuerza ciega, anónima, involuntaria. Ese poderío implacable con que las pestes, el fuego, los temporales o la muerte manifiestan su milagro. Si aún supiera cómo, yo sólo rendiría homenaje a lo fatal. Porque únicamente de lo fatal cabe decir sin error que es propicio. Toda voluntad por el contrario -incluso la más elevada que se imagine- nunca puede ser favorable ya que está obligada a ser justa.

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