con ojos de bárbaros

Escribió Sabato que somos como los romanos de los últimos tiempos del imperio: a medio camino entre un mundo antiguo y bello que declina y un mundo desconocido apenas asomado. En efecto, añoramos más que nada el abrigo que el mundo crepuscular de nuestros padres supo prodigar en otro tiempo. Pero no porque sigamos alimentando su misma esperanza —de hecho, ya ninguna cosa es más ajena a nuestras almas—, sino más bien porque marchamos hacia ese otro mundo en germen del que no nos alcanzará nuestra vida para siquiera atisbar de lejos ni sus maravillas ni sus atrocidades. Nuestro dolor es el de haber nacido en un mundo al que jamás pertenecimos, prometidos para un mundo que nunca habremos de habitar.

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