superclásico

No hay recetas para componer un clásico. Más que una cualidad, esa condición me parece un equívoco acentuado por nuestra miopía para los asuntos de la historia. Pensemos sino en la suerte de Melville o de Kafka: nunca llegaron a enterarse de su celebridad. O, por oposición, pensemos en una película como Commando

Dotada de un guión inverosímil, tres o cuatro villanos de peluche y un Schwarzenegger más allá del bien y del mal, es hoy una referencia ineludible. Y ello, a pesar de sus 97 errores de rodaje (lo cual, haciendo cálculos, representa más o menos uno por minuto de cinta). Sea como sea, lo cierto es que con John Matrix nace el héroe de acción: un digno hijo de los esteroides, las reacciones desaforadas y las frases de remate.

Apostilla: se sugiere encarecidamente ver la versión en castellano latino para completar la experiencia de sus diálogos: aquí el doblaje hace escuela.

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