no hables del club de la pelea

 
El jabón es un símbolo de lo estético. La sociedad de consumo lo eleva más allá de su mera utilidad higiénica a la categoría de cosmético. Se convierte en un bien de lujo que a su vez tiene efectos estéticos sobre el cuerpo: disimula los defectos de la piel y la rejuvenece. Tyler no lo ignora. Como tampoco ignora que la materia prima del jabón es la grasa.
En este sentido, fabricar jabón para Tyler es una manera de hacer la arqueología de la cosmética. Llega hasta la episteme de este discurso y ejerce allí su tarea de distorsión. Por ello es que ingresa de contrabando a las clínicas de cirugía estética y se roba las bolsas de grasa de las liposucciones. Del procesamiento de esa grasa obtiene dos productos opuestos: jabones de tocador y nitroglicerina para dinamita. El jabón se convierte así, por obra de una inversión del discurso, en un objeto subversivo. Con suficiente jabón ––se jacta filosóficamente Tyler–– uno puede volar cualquier cosa.

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