demasiado contemporáneos



Imagen: http://intramuros.es/2012/10/16/cosmpolis/



Esta semana ocurrió algo muy curioso. Coincidió que Cosmopolis se estrenó al mismo tiempo que Bel Ami y que la última parte de la saga Twilight. Y no sólo eso: la distribuidora aprovechó la oportunidad para volver a proyectar todas las películas de la franquicia. Lo cual dio como resultado una suerte de Robert Pattinson Fest en el que hubo más de una víctima involuntaria. Como, por ejemplo, la pareja que ayer se sentó junto a mí. Ni bien arrancaron los diálogos (recargados como el prólogo de una tragedia de Shakespeare) la chica que guardaba cierta esperanza de paladear al vampiro hipocondríaco se extravió en medio de la jerga financiera vomitada por un neo-yuppie cínico y de lentes negros. Este detalle fue suficiente para apuntalar el disgusto del novio, que de seguro la había acompañado contra su voluntad. Es malísimo, murmuraba entre dientes. Diez minutos después, el combate de opiniones se definió durante la escena en que le practican al protagonista una palpación prostática. Esto es un asco, murmuró indignado el novio, para qué querés seguir viendo esto. A la chica no le quedó otra que admitir su derrota y marchar tras su novio. Debajo su enojo, él se felicitaba de haber sostenido su desconfianza hasta el fin. Y es que, en el fondo, él no se equivocaba: nadie les había avisado que lo que estaban por ver era una película de Cronenberg.
 
 

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