quiero que me mates suavemente

Resulta triste de ver cómo los silencios de este mundo se llenaron de palabras inútiles. Antes, por lo menos había el murmullo del río o de los pájaros, o melodías de flautas, o plegarias. Hoy, no nos queda otra opción que soportar la cháchara de los políticos. Este cacareo interminable ha acabado por infectarlo todo, incluso el género negro. Eso es algo que el asesino sabe bien. Y por eso, aunque él finja no prestar atención, a la hora de ejecutar su trabajo prefiere callar. Más que por conveniencia, se trata de una cuestión de buen gusto: si ha de matar, al menos lo hará con respeto.

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