blues

Es extraña la manera en que la nostalgia funciona. A veces, en vez de contaminar la memoria, se desplaza hacia los objetos y entonces el mundo se vuelve algo distante e irrecuperable, aún cuando está ahí presente enfrente de uno, al alcance de la mano. Si no, elige recuerdos que parecen insignificantes y los redimensiona. A veces para mal, otras para mejor. En estos días, por ejemplo, mi nostalgia eligió a Weezer como fetiche. Y debo admitir que esta vez dio en el clavo: me regaló el soundtrack adecuado a las mañanas melancólicas de esta semana. No por casualidad es que se obtiene el antídoto del propio veneno.  

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