el nacimiento de la clínica según Soderbergh

The Knick es una serie de la que se ha hablado poco. Se la ha comparado mucho (demasiado para mi gusto) con Dr. House. Se ha dicho que es fría, que carece de alma, que sus personajes no poseen mayor profundidad. Y lo cierto es que no comparto nada de esto. Desde el vamos, no es esto lo que se quiere contar. Para mí, la serie aspira a perfilar un estilo: su fotografía refiere con más precisión la época victoriana que los peinados o las lámparas de gas; el uso de la cámara compone una atmósfera que oscila entre el documental amateur y la narrativa en primera persona; la música retrofuturista de Cliff Martinez contrasta tanto (y tan bien) con los pasillos de ese hospital y esos callejones de NY de fines del 1800 que obliga al televidente a reacomodar su sentido histórico frente a ese shock de anacronismo (conviene aclarar que tal anacronismo es falso: la banda sonora emula los sintetizadores de los años 80). Enumerando estos elementos no llego quizá a describir la entera riqueza de esta serie. Pero sí creo que alcanza para demostrar que los cánones de la crítica convencional no sirven para medirla. No se trata meramente de contar una historia, ni desarrollar personajes, ni de contagiar de nobleza al televidente: antes que mostrar, se trata más bien de narrar con la imagen, de jugar a decir con todos los recursos de lo visual. En pocas palabras: de componer pura (y brillante) narrativa visual.

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