inside job(s)

Ojalá te engañe la música de cierre a todo volumen. Ojalá te engañe esa última sonrisa que parece revelar una carga en la que se mezclan el aprendizaje y el arrepentimiento. Ojalá te engañen ese “Hello” del principio y esa milimétrica imperfección de un ladrillo perfecto. Ojalá te invadan las ganas de aplaudir, ojalá quieras retumbar el piso con los pies, sólo porque sí. Ojalá hagas interminables filas de vigilia como un peregrino a la espera de ingresar en un sanctasanctorum de vidrio templado donde yacen unas reliquias de utilería. Porque sabes que todo esto es el espectáculo de un gran prestidigitador que se hace pasar por mesías. Porque sabes que te ofrecerá la manzana mordisqueada y te hará creer que la ha elegido cómo símbolo inspirado por el mito de Turing. Que te ofrecerá redimirte de la opresión del mercado y te dará una máquina a la que no podrás conectar otra cosa que no sea aquello que él quiera que veas (o escuches, o leas, o consumas). Corre, pequeño lemming, corre sin vértigo hacia ese desfiladero de cartón pintado. Porque él no te engaña, al contrario: te muestra los secretos de sus trucos con ardiente cinismo y tú los aceptas sin chistar como si fueran milagros.

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